De crucero por el Rin. ¿Qué equipo me llevo?

Se dice que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Ahora con esto de la reclusión, la cuarentena o el aislamiento preventivo, como le queráis llamar, quizás valoremos más los pequeños detalles, abrazar a tus padres, tomarte algo con los amigos en el bar de la equina o el simple hecho de bajar a dar una vuelta por el barrio a muchos nos va a parecer más gratificante que dar una vuelta al mundo.


Cada uno hace lo que puede para combatir lo mejor posible las horas muertas de cada día, que son muchas. En mi caso, la mejor opción es ponerme a recordar mi último gran viaje y quizás empezar a planear dónde voy a querer escaparme cuando salgamos del bache.


A lo largo del año, cuando puedo voy haciendo las típicas escapadas de un día o de un fin de semana a sitios cercanos a Sevilla. Y una vez al año procuro organizar un viaje más serio, ese que todos planeamos hacer durante las vacaciones.


El verano pasado surgió la posibilidad de hacer un crucero fluvial por el Rin. Ya sabéis, agenda cerrada, visitas organizadas en grupos, y poquísima libertad de movimiento, cosas que a mí ni me gustan ni me motivan. De verdad os lo digo, pensar que no me iba a poder mover demasiado y que en todo momento iba a estar rodeado por un grupo de gente me echaba mucho para atrás. Pero al final, mirando el lado bueno, y sumando otras razones, acabé embarcándome en el viaje.


Era momento de sacar el mapa, mirar los destinos que se iban a visitar y pensar la mejor combinación de equipo para llevarme. La idea era simplificar. La mayor parte del tiempo iba a estar en un barco navegando, una pequeña parte del tiempo restante iba a estar en un autobús metido o andando de camino al destino, y la otra parte igualmente andando siguiendo al guía por cada ciudad. Resumiendo, equipaje ligero y funcionalidad.



Un bolso de hombro, libreta, bolígrafo, algunas baterías, la Fujifilm X-H1 y el 16-55 f2.8. ¿Por qué la X-H1? Porque mi intención era ir intercalando el vídeo con la fotografía a lo largo del viaje, iba a ser una semana larga y ya desde hace tiempo decidí y aprendí que se fotografía mejor cuando llevas lo justo y vas ligero.


La X-H1 me daba esa opción de poder grabar un vídeo decente en condiciones en las que iba a estar poco tiempo quieto. Durante las visitas nos íbamos moviendo de un sitio a otro y había veces en las que iba grabando según íbamos andando por las calles, a pulso claro. A eso hay que sumarle la opción de poder bajar lo suficiente la velocidad como para hacer fotos a pulso en las que la gente saliese un poco movidas, algo que me gusta mucho hacer en determinadas situaciones. Todo esto sin el IBIS de la cámara hubiese sido un poco desastroso, fundamentalmente el vídeo a pulso mientras caminaba.


Pensé en llevarme el 10-24 f4 del que estoy enamoradísimo, pero supuse que no iba a tener tiempo para estar cambiando de objetivo a cada rato. Fue un acierto porque me pude centrar únicamente en fotografiar. Sabiendo que tus posibilidades se limitan al objetivo que llevas montado en la cámara te centras mucho más y te olvidas de estar pensando en pararte, cambiar el objetivo para hacer una foto con el angular, volver a cambiar el objetivo de nuevo, no perderte del grupo, etc… y así se te van los minutos para hacer una foto que quizás cuando la veas a posteriori no te resulte gran cosa, en vez de estar centrado en tu entorno y aprovechar esos minutos en hacer tres o cuatro fotos que seguramente sean mejores. ¿Me explico?


De verdad os aseguro que no necesitas todo el rango focal existente para hacer buenas fotos. Menos es más, ganáis en libertad de movimiento y no os pesa el bolso al cabo del rato.


Durante la semana que duró el viaje, en ningún momento eché en falta haberme llevado otro objetivo, ni cualquier otro accesorio. Iba cómodo, ligero, disfruté de cada paseo con la cámara, y lo que es importante, terminé satisfecho con las fotos hice durante el crucero.



Después de soltaros la chapa sobre la bien que se viaja ligero os digo que no fue la única cámara que me llevé. Tiene truco esto, os lo explico. La ventaja de ir en crucero es que tienes tu camarote a mano siempre, viajas en un hotel, por tanto me permití el lujo de llevarme algunos extras para tenerlos en el camarote durante el viaje. Cuando vi los destinos, la agenda del viaje etc, me plantee dos situaciones: las visitas importantes en las que me llevaría la X-H1, y el resto del tiempo que iba a estar en el barco o repitiendo destino durante día y medio. Para estas situaciones de visitas cortas o los paseos por el barco me quise llevar la Fuji X100F que por aquel entonces la estaba estrenando prácticamente.


Me llevé un bolso con el tamaño justo para la X100F y mi libreta, y con eso me dejé caer por un par de pueblos cercanos donde atracó el barco. Creo que sólo fueron un par de ocasiones en las que la usé, cuando visité Breisach y Estrasburgo, el resto del tiempo la cogía sólo para pasear por el barco y subir a la cubierta a disfrutar del paisaje.


El tiempo que no estaba de visita o en la cubierta me lo pasaba en el camarote con la ventana abierta, un ojo puesto en el portátil mientras me iba descargando las fotos de cada día y otro ojo puesto en las vistas.


Sabiendo todo esto, lo que me llevé de viaje y el por qué, ya sólo me falta hablar del crucero y el viaje en sí mismo. Pero para no hacerlo todo muy pesado, eso lo dejo para la próxima entrada. ¿Os parece?

© 2020   SANTIAGO MOLINA

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